domingo 9 de diciembre de 2007

maldita y sínica huella....ENJOY

Maldita y sínica huella

Por: John P. Mendel

Cerró las puertas de su vida, sellándolas con largos clavos oxidados, golpeteando ágilmente, clavándolas incesante y sin descanso. Miró el horizonte, mostrando a su propio corazón, el delirio de una mente joven, enterrando su existencia.

Le saludó con la mano derecha, le sonreía y le miraba fijamente. Volvió en sí mismo, y comprendió aquella situación –Cálmate – se dijo, - ¿Qué es lo que pasa? – se preguntó.

Permaneció estático, y solo atinó a sonreír, sus miradas aun seguían cruzadas, el viento mecía su cabello suavemente. Levantó su mano y devolvió el saludo. Ella Se fue satisfecha y segura, contenta de ver como todo resultaba a la perfección. Él Continuó su camino pensativo, y completamente sorprendido, su mente era un caos inmerso en la expectante y ansiada belleza que iba caminando junto a su mejor amigo.

-Que yo haya tenido su misma chance, no me da el derecho – pensaba en ese momento -No creo que pueda ser cierto.

Días pasaban. Largas miradas, saludos extensos, conversaciones repletas de carcajadas, gestos coquetos.

Sus ojos brillaban, una expresión de inseguridad le inundaba la razón, aun así no dejó de preguntárselo, quería saber que ocurría con sus pensamientos, que ocurría con sus sentimientos… le acompañó la buena suerte, ella dudaba desde hace días, y su corazón comenzaba a separarse del antiguo amor. Sus ojos no dejaban de buscar nuevos caminos.

Meses, años, tiempo. Cuerpo gastado y cansado. Pestañas largas, ojos con una imagen cotidiana y aburrida, un pasado nostálgico, un amor sellado y acabado.

Revoletean a su alrededor, felices, pero ella no mucho, no era lo que esperaba, no eran las cortinas que ella anhelaba correr cada día, no era el barrio en el que pensó deambular. El futuro su presente, no era lo que sus ojos ansiaban contemplar.

Pelo blanco, feas arrugas, ambiente silencioso, fotos en una esquina, de quienes intentaron alegrar aquel hogar. Sus miradas ya no se cruzan como antes, sus labios pronuncian sin parar, pero sus corazones seguían vacios. A pesar de todo, dialogan siempre, se besan siempre, pero hay algo no quedó resuelto.

Pestañas largas, aun llena de juventud, aun llena del infame deseo, miró por la ventana… la vigorosidad, la masculinidad. Le atrajo hasta lo más profundo de su ser, y en su misma celda quiso engañar, y así lo consiguió, a quien le sonrió sin precio alguno. Así fue, sin previo aviso ni advertencia, con una sonrisa al final del acto, rodeada de fuertes brazos, que parecen cadenas, sonriendo y riendo, respirando e inhalando, el humo de la traición.

Le miró a los ojos, y sin decir nada, lo supo inmediatamente, el chisme se había difundido con rapidez. Soltó una palabra, él no mostraba furia, al contrario, la culpa le invadió, y dijo la misma palabra, ella confundida lo abrazó, él también, pero no cerró los ojos, tampoco soltó lágrimas, porque simplemente no podía, como si ese sentimiento no estuviera programado en su corazón.

Ella, arrodillada y apenada, pelo blanco y feas arrugas, leía la inscripción lentamente, pidió perdón, una y otra vez, aun esperanzada de escuchar la aceptación de sus disculpas. Era aquella maldita y sínica huella, que le desgarraba el alma, y que por cada lágrima que caía, un pedazo de corazón se perdía con ella.

martes 30 de octubre de 2007

Sueño muerte version definitiva 2009

Sueño muerte

Es posible, que la mente desquebrajada de un viejo, la energía de una existencia agotada, me susurre detrás de los oídos tan firme como el concreto. A veces, solo oraciones incoherentes, pero hay otras ocasiones, igual de extrañas, en donde éste, se acerca a mí, y no dice absolutamente nada, solo respira detrás de mis oídos. Estoy completamente seguro, de que él podría estar eternamente allí, pero su fría y oscura presencia, siempre tumba mis pensamientos llenos de razón y ingenuidad, y caigo en el instintivo sentimiento de huir, de correr completamente ignorante a aquel miedo, miedo que me agobia con histeria y odio.

Un ente ya de otra dimensión, encerrado en sus pecados terrenales, prisionero de sus actos en la vida real, completamente imposibilitado de salir de aquellos recuerdos melancólicos y tristes, violentos a veces, aunque nunca dulces y románticos. Son castigados por una fuerza que ellos mismo crearon, porque ellos construyeron tales celdas de sufrimiento. Es por eso, que los que quedan abajo, son solo los dolientes, eternamente destinados a contemplar una y otra vez su sin fin calvario… Siempre me pregunto, ¿existe maldad en todos ellos? ¿O solo es el sufrimiento en su más puro estado, el que los hace mantenerse aferrados a tal viaje sin salida? Su existencia estimula mi curiosidad, mí interés por conocimiento es insaciable, y cada noche que paso en esta morada, completamente solo, produciendo en mi cuerpo, una pasión arraigada desde pequeño, marcada por un trauma inolvidable, y que estoy seguro podré curar.

Aquellos ojos como las estrellas que se asoman por mi ventana, me hacen suspirar como el aroma de una noche de verano. Comenzó como una inocente amistad, sus ojos no me brillaban en lo absoluto, Saludos secos y sin motivación personal, conversaciones tímidas y cortas, miradas efusivas y sin deseo. Poco a poco, yo encendía aquellos faros de energía reprimida, encendía su deseo. Sabía completamente, que algún día podría estar tan cerca, que serian por fin, completamente míos. Su respiración en mi cuello, su olor a milímetros de mi nariz, y aquella fría y constante presencia en mi espalda, mirándonos sin saber lo que realmente ve, contemplando solo y exclusivamente lo que él quiere ver.

Un día ella me confesó, uno de sus gustos predilectos, mas secretos y escondidos de su alma, era una persona tan excitable como yo al dialogar sobre ciertos ritos, era una joven mujer que amaba éstas cosas, sobre almas perdidas, que manifiestan su ira y su resentimiento a seres humanos aun en el viaje de la vida.

Yo me miraba al espejo atento de todo detalle, el timbre sonó como nunca antes, me movió de la sorpresa, y una pequeña sonrisa en mi rostro lo hizo muy evidente, ella estaba a afueras de mi casa, ella, mi mejor amiga.

Me saludó con un beso en la mejilla, no me miraba fijo a los ojos, pero sonreía a momentos, al escuchar algunas de mis palabras. Se encontraba hermosa ésta noche, se había arreglado para mí, y me lo quería demostrar de ésta manera, seduciéndome, excitándome. Se sentó en uno de mis sofás, sacándose la mochila, y dejándola en el suelo. Yo me acerqué, la miraba constantemente, aunque también, me tenía desesperado el tablero que llevaba en aquella mochila.

Pasaron unos minutos, el tablero estaba extendido en la mesita del living. Mientras, ella procedía a prender las velas, yo desde la cocina la contemplaba sin parar, mientras mis manos sacaban dos vasos. Un giro impredecible me sorprendió, ella supo al instante que yo la estaba mirando desde hace mucho, y sin decirme ninguna palabra, siguió encendiendo las velas como si nada. terminé de servir los vasos con cerveza, y los llevé hacia la pequeña mesa, puse el suyo enfrente de ella, lo tomó al instante, dio un pequeño sorbo, e inmediatamente dejó el vaso en la mesita, y sin decirme nada, absolutamente nada, continuó mirándome, esperando a que le dijera algo.

-Eso es todo – Le dije.

-¿Qué mas esperabas? – respondió de inmediato.

-Imaginaba otra cosa, Mmmm, no lo sé – le dije tranquilo, ella levantó su delgada ceja, y se acomodó suavemente en su asiento.

-¿Quieres empezar?

-¿Tienes hambre? – Le pregunté sin pensar.

Levantó la otra ceja al escuchar eso, pero segundos después su expresión cambió, y una bella sonrisa, comencé a admirar – Por supuesto, debemos comer algo antes de.

Me aproximé a la cocina, y le pregunté que quería comer, ella me respondió preguntándome que era lo que yo tenía, pues abrí el resfriador y le dije que solo tenía huevo y pan.

-¿Solo eso comes aquí?

-Es que en verdad no he ido a comprar ésta semana, y…

-No te preocupes, los huevos estarán bien.

-Muy bien, iré a prepararlos.

Tomé los huevos, los quebré y los vertí en una paila, puse la paila en la cocina, abrí la llave del gas, tomé la caja de los fósforos, lentamente saqué uno, hasta que de pronto escuché un ruido muy violento proveniente del living, giré instantáneamente mi cabeza, y mi vaso de cerveza estaba quebrado en el suelo.

-¿Qué sucedió? – Le pregunté.

-¡Es increíble!, de verdad que penan aquí, es verdad, ¡ven, ven! – le hice caso inmediatamente.

Me siento junto a ella, y me da la mano, me dice que ponga un dedo en la copa que estaba en el medio de las letras, le obedezco y ella hace lo mismo.

-Seres llenos de sufrimiento y dolor, una vez fueron hombres, hagan caso omiso al número de los que nos encontramos aquí, les rogamos nos escuchen y nos muestren su presencia en ésta vieja casa, por favor, respondan a nuestras preguntas, ¿Quiénes son? ¿Qué hacen aquí?

En ese momento comencé a sentir algo de miedo, me concentraba en el calor que me brindaba la mano de mi mejor amiga, me calmaba a segundos, pero sentía como la mesa vibraba sutilmente.

La copa bajo nuestros dedos comenzó a moverse violentamente, y nosotros repetíamos en voz alta:

-H

-o

-Y

-S

-A

-B

-R

-A

-S

La copa terminó de moverse, y mi compañera repitió aquella espeluznante respuesta –hoy sabrás, ¿a quién se referirá? – dijo muy asustada.

-Fue algo sorprendente, solo somos dos – le dije contento.

La casa comenzó a temblar, los sofás se movían de lado a otro, y angélica comenzó a gritar de miedo, yo la abrasé por inercia y ella me abrazó también.

-¿Qué haces? – me dice sin dejar de abrazarme.

-¿a qué te refieres? – le respondí.

-somos amigos desde hace mucho – me dice.

-yo no te he dicho nada.

-pero lo veo en tus ojos.

-nunca te he dicho nada.

-somos amigos – me deja de abrazar y comienza a mirarme con aquellos hermosos ojos, yo no le respondí ésta vez, me acerqué lentamente a sus labios, pero ella se me adelanta sorprendiéndome, me toma de la cara y me besa apasionadamente, yo comenzaba a nadar en lo más increíble que me había ocurrido desde hace ya mucho, pero sin previo aviso, dejó de besarme, se levantó violentamente. Yo la miré extrañado y callado.

-Voy a fumar un cigarrillo – camina hacia la puerta y se va sin cruzarme la mirada.

Me acomodé en aquel gran sofá, volví a imaginar aquel inolvidable beso, agarré mi vaso de cerveza, y lo bebí hasta el fondo, cerré mis ojos y comencé a nadar en mis pensamientos.

Desperté exaltado, miré a mí alrededor, todo estaba exactamente igual. Me levanté para estirarme, miré por una ventana, y aun era de noche, ¿me habré dormido por unos cuantos minutos?

Salí de mi hogar, e impactado que al ver desde mí casa, decencia hacia un oscuro bosque. Sin nada más que hacer, comencé a caminar por el nuevo patio de mi casa, todo era muy oscuro y denso. Giré mi cabeza para mirar mi hogar desde aquella distancia, pero raramente mi casa ya no se encontraba en donde debería estar, completamente asombrado, creí que estaba soñando, y así de convencido, continué mi extraña caminata. Un árbol desde lejos, solitario al igual que yo, frondoso y alto, me invitaba a acompañarlo, me acerqué a éste, hasta fijarme en un extraño hombre no más joven que yo, con la cabeza gacha, que al parecer pensaba y dialogaba consigo mismo. Al verlo de más cerca, su mirada me impactó de lleno, y sin dudar me puse enfrente de éste. No parecía reaccionar ante nada, le llamé varias veces, y le hice infinidad de gestos, pero seguía con aquella extraña mirada, como si sus ojos no lograran ver su realidad.

Pero de pronto, como siempre me ocurren las cosas, el tipo comenzó a convulsionar violentamente, su cuerpo permanecía de pie, pero su cabeza se movía de lado a lado.

El extraño sueño, tan vivido y real, me tenia parado viendo a un extraño tipo convulsionar. Cientos de pensamientos me volvieron a invadir, si este es un sueño, y si este tipo es un espíritu, ¿debería aprovecharlo?... por supuesto que sí.

-¿Eres de los que se manifiestan en mi casa? – Le pregunté, éste dejó de convulsionar, y sin mirarme me respondió:

-Yo no podría, estoy atado al lecho de mi muerte, no puedo más que ver constantemente dolor y sufrimiento en su corazón, en mí corazón.

Era espectacular, sorprendente y excitante, era un espíritu, y tal vez, de alguna forma posible, gracias a aquel extraño rito, pude por fin conectarme con uno de ellos.

-Necesito salir de aquí, debo ayudarla, aun tengo tiempo – me dice gritando.

-Cálmate – le respondí consolándolo – si sabes que estás muerto, ¿Por qué aun quieres solucionar las cosas?

-La vida no es el único camino para resolver problemas, es por eso que nosotros aun estamos aquí, inmersos en sufrimiento, para que podamos descansar saldando nuestras cuentas.

-¿Cómo podrías hacer eso? - le respondí, miré sus atuendos, y tenía un polera delgada, y en el pecho, una extensa mancha de sangre parecía aun estar abierta.

-¿Cómo llegaste a esta existencia? – me preguntó.

-De que hablas – le respondí muy extrañado, - será mejor que me digas como moriste.

-No tengo idea del tiempo que ha pasado, no recuerdo mucho, pero si lo necesario para que me ayudes.

-Cuéntamelo, yo te ayudaré, confía en mí – le extendí la mano.

Éste me miró sonriendo un poco, extendió la suya y me dio la mano, y yo jale lentamente, dio un paso, éste rió por un segundo, me soltó la mano de golpe, y me tomó del hombro.

-Sígueme.

Estar acompañado de su presencia era algo magníficamente extraño, sentía que planeaba mientras caminábamos, hasta que comenzó a contarme su breve historia.

-Mi vida era relajada. La conocí en una fiesta, me acerqué en el mismo momento en que la vi. Le ofrecí uno de mis cigarrillos, ésta lo aceptó, le prendí el cigarro sin parar de mirarla, y comenzamos a charlar. De esa manera tan sencilla, nos enamoramos, y sin esperar mucho, un hijo producto del amor, se preparaba en el vientre de ella… pero siempre la vida te golpea de una manera u otra, su padre odiaba a las personas como yo, odiaba nuestros ideales, y nuestra manera de vivir nuestra vida, era un egoísta de la libertad personal, y un intolerante de las diferencias… me lo advirtió unas cinco veces, hasta que una noche, mientras caminaba por la ciudad, me apuntó con un revolver enfurecido, me dijo infinidad de malas palabras, aludiendo al secreto que la habíamos ocultado ella y yo. El no lo supo hasta el último momento, hasta cuando ella ya llevaba en brazos a nuestro esperado hijo… tal fue su enojo, que disparó del arma, y mientras yo agonizaba en el suelo, me susurro al oído “Ella no volverá a salir, morirá en aquella casa, junto a tu maldito hijo”. Él la encerró en la casa, dejándola morir de hambre, junto al bebé. Esa misma noche, mi asesino se disparó en la cabeza, con un odio profundo en su corazón, y que estoy seguro, no sanará nunca.

Es raro y diferente, siento como si estuviera en un sueño, pero hay algo que me hace pensar lo contrario. Aquel rito junto a Angélica, debió haber causado mi cruce a aquel portal a esta dimensión, Aun así me alegro considerablemente. al terminar de escuchar aquella historia, y después de verla en mi mente, aquel espíritu cansado y dolido, me guiaba sin parar hacia su destino… mi mente no podía calcular el tiempo, y cada vez el aroma que yo amaba desde niño, se hacía más presente, como aquellas noches de verano, cuando en medio de la inocencia, en medio de aquellas vacaciones, salía con mis amigos con polera y pantalones cortos, nos subíamos en nuestras bicicletas y pedaleábamos hasta quedar mojados de la transpiración, riendo de fantasías e incoherencias.

Una vieja casa se mostraba en medio del oscuro bosque, grandes murallas la rodeaban, y una reja igual de alta mostraba una parte del patio, al parecer había alguien allí, sentado con la cabeza gacha, sostenía algo en sus brazos.

-Ella es – me dice de golpe – Como si hubiera pasado una eternidad – se acerca a la reja mirándola a ella por un minuto.

-¿Qué haremos ahora? – le pregunté.

Me hizo un gesto con la mano, lo seguí unos cuantos pasos.

-Debes entrar, así yo podré seguirte.

Miré por todos lados, e intenté escalar la muralla, no pude apoyarme de ninguna manera, era demasiado alta. Rodeé la casa, y divisé una parte que se había derrumbado, salté y pude subir a la muralla, caminé por encima hasta llegar a donde estaba la mujer, me tire al patio y me acerqué lentamente a ella, hasta que una mano me tomo del hombro, era el espíritu, había podido pasar.

El tipo sonreía levemente, se acercó a la mujer, y se sentó junto a ella, le tomo una mano, y la puso en su pecho manchado de sangre, la mujer levanto suavemente la cabeza, y miró otra vez a su amado, sonrió a los pocos segundos, y el bebé comenzó a moverse como si estuviese con vida otra vez, el hombre acerco sus manos hasta él y lo cargo otra vez, miró a su mujer y acercó su cabeza hasta su hombro… una luz comenzó a brillar, eran ellos tres, su piel resplandecía, y sus sonrisas se fusionaron en aquella fulminante luz. Di la vuelta, y Salí de la casa. Me sentía muy pleno y en paz con migo mismo, era una sensación increíble de tranquilidad absoluta. Pero una voz me hizo detenerme, era la voz de aquel hombre que acaba de saldar sus deudas, un hombre que ya no era prisionero de su pasado, y que ahora estaba inmerso en la felicidad eterna. Aquella voz me estaba agradeciendo.

-Gracias, muchas gracias – me decía repitiendo.

-Desde que te vi enfrente de mí, pude ver esas brillantes alas en tu espalda, pude ver una energía que te acompañaba – me dice.

-¿Alas?

-Supe de inmediato, que eras mi ángel.

-¿Ángel?

Cerré mis ojos por unos segundos, y al abrirlos, todo estaba ahora iluminado por la luz del sol, estaba amaneciendo, y aquella casa, ahora estaba convertida en ruinas, como si hubieran pasados décadas en tan solo dos segundos.

En un desdén de energía, me encontraba enfrente de mí mismo, yo me encontraba durmiendo allí, en mi propio sofá, mientras me miraba atónito, se escucha abrirse la puerta principal, era angélica, entró pensativa y de pronto se detuvo.

-Toda la casa huele a gas – dice casi gritando - ¿Jorge? – me llamaba.

Yo estaba parado, pero también me encontraba allí acostado, durmiendo a causa del olor a gas, mi expresión cambio repentinamente, angélica pasó junto a mí sin siquiera mirarme, se agachó al sofá y comenzó a moverme para despertarme, pero yo estaba junto a ella, y el otro yo, seguía sin despertar. Angélica se había percatado de algo, comenzó a llorar junto aquel cuerpo, en ese momento lo supe. Ella se levantó agitada, tomo su mochila y caminó con lagrimas en los ojos hacia la puerta, la seguí por inercia, e intente tomarla del hombro.

-Angélica, angélica – le decía desde atrás, pero ella no reaccionaba, seguía llorando, y se acercaba mas y mas a la puerta. De pronto, se detuvo de golpe, yo también, se giró y miraba a través de mi, miraba mi cuerpo físico, y yo la miraba a solo un metro de distancia, pero siguió su camino, se fue de la casa, y yo quedé allí parado, completamente estupefacto.

Mi vida no pasó en frente de mis ojos, porque no necesitaba verla otra vez. Solo necesitaba sentir aquel aroma, el aroma de la noche de verano.

No me arrepiento de nada...pero es algo me tendría aferrado a mi casa para todo la eternidad.

Todavía mi mente estaba acomplejada, podía ver mi propio cuerpo muerto en mi propio sofá. Pero cometí un error, un error que hará quedarme atado a esta casa, yo mismo me maté dejando sin preocupación la llave del gas abierta, junto con el alcohol y con el sueño, sucumbí ante el nocivo elemento

Aquella que salió a fumar mientras dormía indefenso de aquel gas, gas que se confundió en mi cerebro, con el de la noche, y que acepte inhalar hasta dejar de respirar.

Aquella que volvió después de caminar y caminar, y se encontró con mi cuerpo, aquella que corrió rumbo a lo que desconozco.

-No me quedare aquí – les grité aquellas infelices sombras – Iré con ella, donde ella vaya, irá mi espíritu, y lo que queda de la energía de mi esencia, que ha viajado a esta dimensión, llena de seres como yo, presos de ellos mismos, presos de sus únicos recuerdos, presos de la esperanza de vivir.